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Revista Megatrade

Nota del editor

Siempre al terminar el año se esperar uno nuevo con expectativas. Qué obviedad. No vamos a hacer un balance aquí. Sólo algunas reflexiones, muy lejos lo que muchos gurúes decían al inicio de la pandemia: de ella surgirá un mundo mejor con la gente teniendo otra mirada sobre la vida y sus vecinos – al menos esto hasta ahora no sucedió-. Veamos algunos otros mitos que se reflejan desde hace muchos años, por ejemplo: Es necesario definir y consensuar las políticas de Estado mínimas al largo plazo. Cómo no ponerse de acuerdo en ellas, más allá de las diferencias. Aunque el largo plazo no existe en política; se puede hablar de algunas políticas que continuaron en el tiempo, por ejemplo en el ámbito del comercio exterior y la logística, el desarrollo de la agroindustria o temas de gestión de la infraestructura como el mantenimiento del Sistema de Navegación Troncal, o la regulación vinculada a los puertos. Aquí se puede entender que se trata de “políticas de Estado” continuadas. Sin embargo, estas siguieron “pese” al cascoteo constante de algunas administraciones – no sólo la actual-. El mantenimiento de la vía quedó parada en las mismas condiciones hace más de 15 años, la agroindustria y la producción en general tuvo que acomodarse a las locuras regulatorias que vienen de la paradójica necesidad de “falta de dólares”. Importar es un “escolazo”: un dólar regalado que a su vez se lo restringe con mil medidas, el exportador recibe miseria cuando lleva la Argentina al mundo. De pronto el negocio no es el comercio exterior, sino otro. El sistema portuario recibe hace años la amenaza de la política que se quiere hacer de sus recursos, con la excusa de que hay que modernizar la Ley de Puertos, que no tiene en cuenta a la “comunidad” que los rodea y la sostenibilidad, temas más modernos…. Pero no hay que olvidar que muchos pueblos perdidos crecieron por las terminales privadas y desde hace años estás tienen que sostener las ideas de varios de sus intendentes o jefes comunales, sino gobiernos provinciales, creando nuevas tasas. E igual estos le pegan a los puertos, porque necesitan más…. Es verdad que, por ejemplo, varios de los puertos tienen mucho que hacer en materia de reducción de la contaminación que generan sus operatorias, especialmente los graneleros y allí hay que obligarlos a cumplir, y no exigirles otra cosa….. Pero la Ley de Puertos no nació de la nada; no hay que olvidar que se sancionó durante un gobierno peronista, aunque en este caso la memoria falle intencionalmente. La inoperancia de gobiernos ayudados por la patria contratista, entre otros, los habían destrozado como herramienta de conectividad interna y externa. Quien esto escribe hizo una nota en el año ‘90, en un muelle hundido de Puerto Nuevo. La idea era hundir todo para quedarse después con el negocio?…hum… No se trata de Estado o privado. Es de servir al comercio exterior y en definitiva a las comunidad en general. El privado fue a los puertos que eran rentables, no a los que “nos son viables”, que fueron abandonados y está muy bien que el Estado intervenga con ellos en forma planificada y no a los chispazos sin coordinación. Pero en realidad hay temas que son políticas de Estado?, o son variantes de un mismo problema. ¿Ese acuerdo en “políticas de Estado”, puede darse cuando los “partidos dominantes” tienen tantas diferencias al menos en teoría?, respecto, por ejemplo, al posicionamiento de un país en el desafiante mercado global y regional o la relación con el Mercosur y con las principales potencias. Las idas y vueltas en este caso terminan en una inercia que se queda flotando en la nada. Veamos en lo operativo: abrir los cielos o crear un monopolio con aviones viejos y menos servicios. Así hay más empleo en el Estado, aunque menos conectividad… con qué me quedo?-. Abrir la economía o cerrarla a medias – promoviendo privilegios y corrupción-. Sacarle recursos a la agroindustria y terminar con la «patria extractiva» o promover la inversión extranjera – explotar en forma eficiente por 30 años Vaca Muerta, o dejarla debajo de la tierra porque al 2050 no se consumirá combustible fósil-. Cómo apostar para ser parte de la “revolución tecnológica” que nos parece tan lejana, con la inteligencia artificial con fondos de inversión en start up en sectores como prevención del cambio climático, automatización de procesos de ingeniería ante la falta de recursos humanos y otros tantos desarrollos que se vienen y que otros países incluso vecinos encaran. Claro que es difícil hacerlo cuando por años no se puede salir de la rueda de la pobreza extrema y macroeconomía desquiciada, aunque el respetable Gustavo Béliz pueda pensar otra cosa. Así para alguno es mejor quedarse como hace 1000 años sentados debajo de un árbol, y ver la vida pasar, o crear relatos apasionantes de lo que nunca ocurrió desde una chacra con un auto del ´60, con una inflación galopante y subsidiados para igualar para abajo; mientras el medio pelo despotrica sobre la situación, pero hace piruetas para aprovechar la volada y jugar con lo que la regulación permite, mientras la “gilada” mira la TV el escándalo del día… Para Ud. qué camino estamos tomando?…
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