En estos días, EE.UU está avanzando sobre medidas clave que tienen que ver con el esquema “America First” y su relación con el comercio internacional que pueden ser más disruptivas que nunca.
Decisiones vinculadas a la geopolítica donde la posición oficial argentina no aparece muy clara, - ya sea por voluntad propia o desconocimiento- mientras el sector privado observa inquieto "en modo avión".
Precisamente, para entender un poco más este incierto contexto global, la Cámara de Exportadores de la República Argentina (CERA), presentó un profundo análisis sobre los principales desafíos y oportunidades en el comercio internacional, haciendo un poco de historia y con definiciones interesantes del presente.
Esto en base a un estudio del think tank de la entidad, el Instituto de Estrategia Internacional.
Entre otros conceptos, explicados por el presidente de la CERA, Fernando Landa, -acompañado de Sofía Mantilla directora del IEI y Hernán Novara, especialista en logística e infraestructura de la entidad-, se señala entre otros puntos, que: contrariamente a lo que se suele decirse de distintos ámbitos, el mundo de los ’90 – y de la Argentina en particular en su política económica- no tiene nada que ver con el actual. Asimismo, que puede ser positivo un acuerdo de comercio con EE.UU. especialmente para promover inversiones, pero no por ello se puede sacrificar el Mercosur donde 50% de lo que se exporta son MOI y hay una logística mucho más cercana y barata con el camión. Además, que los números muestran que las medidas de Trump, como los aranceles respecto a la Argentina, puede afectar las exportaciones, pero el mayor problema es la falta de competitividad del país a partir de un esquema impositivo – todavía no se entiende que no se pueden exportar impuestos- y un sistema logístico que limita crecimiento e inversiones. De hecho, Argentina es el 0,26% del comercio mundial. Por el tipo de intercambio con EE.UU. y los bajos aranceles que aplica a la Argentina – el rubro más fuerte hoy es la exportación de combustible con 19%-, ya se podría negociar sin tener un acuerdo de libre comercio, por ejemplo, volviendo a ser parte del Sistema Generalizado de Preferencias. Asimismo, dice la CERA, 80% del comercio internacional no se hace a través de los acuerdos de libre comercio sino compitiendo como nación más favorecida; 51% del comercio internacional esta libre de aranceles aduaneros. Finalmente, queda claro que la aparición de China en la OMC cambió el comercio mundial.
En detalle, Landa hizo una recorrida por el impacto de las medidas de EE.UU.; China en la OMC y la redistribución del poder económico; la crisis del multilateralismo: desafíos en la OMC, acuerdos paralelos y tensiones económicas; las nuevas disrupciones; la Argentina ante este escenario y su relación con EE.UU., Mercosur y apertura de mercados; negociaciones internacionales: acceso a mercados, inversiones y logística global.
El nuevo contexto
El contexto marca un tiempo donde se quieren cambian las reglas de juego globales de una edulcorada OMC, por las de “la ley global soy yo” de EE.UU. La CERA a través del IEI viene siguiendo toda la actividad de presidente Trump en cuanto a relaciones internacionales y proteccionismo; y retaliaciones que provoca, así como las implicancias. “En la turbulencia se generan oportunidades para otros países y para Argentina en particular”, dijo Landa. También es necesario entender qué es lo que Argentina debe hacer en este contexto: Un punto que tiene confundidos a todos. Se trata, dijo Landa, de entender este rebalanceo global.
Si se hace historia en las relaciones comerciales globales, el trabajo muestra que la Organización Mundial del Comercio. es un factor relativamente nuevo, se crea en 1995, formada uno de los principios fundamentales, es el después del GATT que funcionó fundamentalmente alrededor de Estados Unidos y el Reino Unido, con el objetivo de eliminar la discriminación de comercio. Precisamente de la Nación más favorecida.
Si hay un acuerdo con un país, al resto le tengo que dar lo mismo. Eso es la no discriminación, destaca el IEI. “La no discriminación representaba una palabra bastante usual en el léxico de Trump que es reciprocidad, pero en otros términos”, dijo Landa. La OMC, hoy tan venida a menos, tiene 166 países miembros, 23 observadores -hay países que no son miembros, por ejemplo de Europa del Este, Rusia, de Medio Oriente como Irán, Irak, Siria, algunos están queriendo acceder como Etiopía, Sudán, Argelia- e incluye una serie de acuerdos fundacionales.
Detalla el IEI, que se trata de un foro de negociaciones, pero hasta ahora sólo se terminaron las negociaciones en dos acuerdos: facilitación de comercio y subvenciones a la pesca.
Hay mucho de acuerdos plurilaterales que se dan a partir de un grupo fundacional, -como forma de avanzar al menos entre algunos países, ya que las decisiones de la OMC son por consenso y siempre puede haber estados que bloquean- y después se suman otros. Hay acuerdos sustanciales que aún están en discusión: tecnología de información, comercio de servicios, compras gubernamentales, pharma, e incluso aún se sigue debatiendo el de los impuestos a las transacciones sobre los datos; en el mundo de la inteligencia artificial. Otro acuerdo es el de facilitación de inversiones, - en realidad lo que algunos países quieren hacer es regular y condicionar por distintos medios la inversión-
Asimismo, en el marco de la OMC se hace una supervisión de los acuerdos regionales que serán homologados. Hay 373 acuerdos regionales.
“La clave de la OMC es sostener el sistema global a través de un de un cuerpo de resolución de controversias que, como es sabido está parado hace años”, dijo Landa.
Recordó que la OMC no promueve comercio libre, sino un comercio justo y no distorsionado, por eso habla de subsidios y dumping.
Mientras el concepto de nación más favorecida es la piedra angular del sistema multilateral; sin embargo, tiene algunos vicios de origen que pegaron en su éxito, añade. Un problema estructural, es que si bien permite cierta flexibilidad para países en desarrollo, no define qué es un “país de desarrollo”.
Un dato de interés: de los 373 acuerdos regionales, al mirar los números, se da la paradoja que el 80% del comercio internacional no se hace a través de los acuerdos de libre comercio, sino compitiendo bajo el concepto de nación más favorecida. Asimismo, 51% del comercio internacional es libre de aranceles aduaneros.
Entra China
Hay un momento que en el balance del comercio mundial cambia la tendencia y es cuando China ingresa a la OMC, señala Landa. Recordamos por otro lado, que China venía presionando por años para ser miembro pleno, con un fuerte rechazo de varios bloques dado el cocktail de subsidios cruzados y empresas estatales chinas. Muchos se preguntan ahora con el diario del lunes si habrá sido la decisión correcta. Un elemento quizá de lo más importante que ocurrió en 2001, - año trágico por el golpe a las torres gemelas- fue un día 11, pero de diciembre, cuando China firma el protocolo de adhesión que definía que los países tienen la capacidad de tratarla como una economía de no mercado, pero hay una ambigüedad porque al mismo tiempo, no se define cómo pasará de una economía de no mercado a una de mercado. Simplemente con el tiempo, múltiples países, entre otros Argentina, fueron admitiendo que China era capitalista. A partir de allí, se ve la evolución de este país en el comercio internacional y obviamente a una explosión en exportaciones e importaciones.
Aquí hay un tema que quizá para muchos haya pasado desapercibido, dijo Landa y que resalta el economista Richard Baldwin, en cuanto a cómo ha crecido la participación del comercio exterior de China, frente a la de otros grandes países. Si se ve el año 2000, EE.UU. era el principal socio comercial en general para el resto del mundo. En el 2024 ese socio principal es China, que además encabeza el ranking en un gran abanico de indicadores: manufacturas, términos de PBI, clusters tecnológicos, minerales críticos o logística internacional. Pero atención, la participación de la producción de China en el comercio internacional crece espectacularmente hasta ser el 35% del global de bienes; pero caen las importaciones respecto de la totalidad de la producción. Esto quiere decir que el resto del mundo depende más de China, pero China depende menos del resto del mundo. Básicamente porque el consumo levanta la producción, pero parte de ella es local. “Este es un dato interesante, porque cuando se analizan las medidas de Trump directamente sobre China, la capacidad de daño es menor a la que podía tener años atrás, en términos de manufacturas al menos, que es lo que más le preocupa a Estados Unidos”, dice Landa. Esto, aunque el consumo en China puede haberse enfriado en los últimos tiempos; pero obviamente el crecimiento le permitiría a China seguir reduciendo esa dependencia.
Una preocupación fundamental del gobierno de Estados Unidos, es el tema de las “tierras raras” y allí se ve que en la producción de níquel, cobalto, cobre, litio, esenciales para las nuevas tecnologías, China tiene una fuerza notable.
Por otro lado, si se ve en perspectiva; en los ´90, el G7 manejaba el PBI mundial; pero ya por estos años, China toma un papel preponderante. Esto influye en los flujos comerciales y en la logística, dice la CERA.
Por otro lado, es importante para entender el contexto, donde 70% del comercio internacional se realiza en grandes cadenas global de valor. Allí si se ve la región; Argentina y Brasil tienen una característica de manufactura limitada, dice Landa. Pero advierte que encontrarse en cadenas globales de valor, no tiene que ver con estar incorporado a algún tratado libre de comercio, porque el 80% del comercio global no está incluido en este tipo de acuerdos.
Un ejemplo, es el tratado de libre comercio de EE.UU. con Canadá y México, donde hay buena parte del intercambio que está excluido, porque implica entrar en complicaciones donde al final de cuentas es preferible pagar arancel.
Multilateralismo en caída
¿Por qué está en crisis el multilateralismo?, se pregunta la CERA. Se plantea el caso de las excepciones a la regla de la nación más favorecida, como el sistema generalizado de preferencias SGP - EE.UU. lo tiene que pasar por el Congreso, pero hoy está suspendido para todos – que es darle todavía mayor preferencia arancelaria a un país en desarrollo sin tener que generalizarla. “El problema es que no hay lista sobre cuál es el país desarrollado y no desarrollado. Entonces, cada uno fabrica su concepto porque además, no hay reglas”, señala Landa. Por ejemplo, India y China se autoperciben como países en desarrollo. Entonces es evidente que EE.UU. no le va a dar preferencia a China dentro de un SGP.
Asimismo, las negociaciones a nivel multilateral o plurilateral están todas paradas. Detalla el trabajo del IEI, que desde hace años en el G20 se habla de renovar el acuerdo sobre subsidios y medidas compensatorias, porque los mecanismos de subsidio en economía -donde hay un grado de complejidad porque se cruzan- resulta muy difícil capturar por las reglas tradicionales. Temas como nuevas barreras a la inversión en los servicios, o por ejemplo, la transferencia de tecnología, son cuestiones que se han discutido y que deberían estar capturados en un acuerdo y no ocurre así, como el trade digital, la registración obligatoria de códigos, etc. Más allá de que la “motosierra” también se busca aplicar en la OMC con la idea de reducir los Comités.
Tampoco funciona el sistema de notificaciones. Bajo este esquema, cada país voluntariamente notifica sus mecanismos de restricción de importaciones, que en general se tratan de dibujar, porque además no hay un régimen sancionatorio. Entonces el sistema se degrada, dice Landa.
Asimismo, desde 2019 empiezan a cesar los miembros del órgano de apelación. Al mismo tiempo, Estados Unidos dice que a través de los fallos de la OMC se generó una jurisprudencia que no estaba escrita en los acuerdos fundacionales. Así, responsabiliza al órgano de apelación de hacer una reinterpretación de las leyes, en las que EE.UU. no está de acuerdo; y por eso, no respalda a ninguno de los de los candidatos. Empiezan a caer por vencimiento del plazo y el órgano desaparece. “Entonces cualquier reclamo ante la OMC queda necesariamente en la nada”, sostiene Landa. Recuerda que entablar una demanda ante dicho órgano es un proceso muy lento. Un proceso de discusión de una violación de una regla de la OMC puede tardar 3 años y para el sector privado es costosísimo, porque tiene que solventar los abogados que no pone el sector público. Incluso resultando favorable el fallo, después la ejecución también es complicada. Y si el país perdedor no cumple el fallo, pasadas todas las instancias, el que gana lo tiene que ejecutar a través de sanciones. Pero hoy ni siquiera se llega a la apelación, advierte. Coincide el directivo en que el sistema funcionó en su momento. “Mientras China no era tratada como economía de mercado en la OMC, era una cosa. Cuando su influencia empieza a crecer, la discusión se hace más áspera, Estados Unidos siente que, como uno de los fundadores, que hay otro tipo de interpretaciones y empieza a abstraerse, cuando es uno de los actores fundamentales del comercio internacional”, explica el directivo.
Al mismo tiempo, la integración también se desacelera ya que a esta altura los países tienen a “sus socios cubiertos”.
Esta desaceleración también viene atada a otra cuestión, señala el análisis del IEI: hoy aparecen los esquemas de negociación que son OMC Plus y OMC Extra. Esto significa incluir todas aquellas cuestiones que van más allá de lo que la Organización permite. Por ejemplo, medidas en exceso, temas relacionados con medio ambiente – que por ejemplo, incorpora en altas dosis, el acuerdo de Mercosur con la Unión Europea-.
En paralelo, otro efecto de esta situación, es que se incrementaron los subsidios, porque además nadie sanciona. “Los subsidios están prohibidos, pero si no hay sanción hay más incumplimiento”, dice Landa. El trabajo presentado muestra el notable incremento de los subsidios en Estados Unidos que en mucho se debe al efecto pandemia. Curiosamente, China baja los subsidios y EE.UU. los sube. “Esta es una de las barreras esenciales al comercio: debo competir con alguien que tiene un beneficio que yo no tengo”, añadió.
Así en el comercio global ocurren dos fenómenos: Una tendencia a la fragmentación, o sea, más comercio con el que esta cerca; y a partir de Ucrania, claramente una división entre comercio por región.
La CERA señala que sumado a todo esto hay otros desincentivos estructurales al multilateralismo. Incluso el avance de la inteligencia artificial, porque va a desarrollarse donde menos regulación exista, frente a la regla multilateral. Esto se ve claramente en la falta de avance en la OMC en las reglas sobre el comercio digital.
El segundo componente es el relativo a la seguridad. “Por ejemplo, hablamos de la hipótesis, que toda la seguridad en materia de armamento, depende de chips que vienen de Taiwán que está amenazada por China; cuestión que desincentiva el multilateralismo”, añade.
Otro mundo
Cuando se habla en la Argentina de “la vuelta a los ´90”, la CERA señala que hay mucha diferencia de lo que sucede hoy en día. En los ´90, teníamos un mundo de una hegemonía de Estados Unidos, unipolar, con caída del muro, el fin de la Guerra Fría, el comienzo de la OMC, consenso de Washington, el “fin de la historia”, según Fukuyama; se crea el Mercosur; con relaciones cercanas de Argentina con EE.UU., inclusive crecían las cantidades exportadas. Mientras en el 2020, se ve regionalización, nearshoring, reshoring, cambios en las cadenas de suministro, de la eficiencia vamos al concepto de seguridad, que exige controlar los puntos críticos, como el canal de Panamá, además del efecto de las situaciones disruptivas como la situación entre Rusia y Ucrania. “Ya no hay límites y no existe el concepto del “fin de las guerras”. Queda claro que no podemos ver la realidad a través del pasado”, dice el directivo.
Mi amigo del norte
Hoy EE.UU. tiene el problema del enorme déficit comercial – aunque ya viene desde 1975 – con una mala situación en la balanza de bienes y servicios. “Es un déficit real que tiene que solucionar; sólo en bienes es 1,2 billones de dólares y la recaudación en base a los aranceles cayó mucho”, explica Landa. Hasta hace un tiempo, ese déficit no parecía preocuparle, en la medida en que lo podía sostener con su máquina de hacer dólares. Pero hoy hay otras monedas en juego; ya no es el principal productor de bienes, tiene cadenas que no están bien distribuidas y en definitiva siente que no está bien preparado para competir.
Así, EE.UU. no prioriza el multilateralismo. Trump ve que el mayor déficit comercial lo tiene con Canadá, México, la Unión Europea, China. Al mismo tiempo, se acerca a Rusia. “Cuesta imaginar cómo va a ser la mesa del próximo G20 que justamente se realiza en EE.UU.”, ironiza Landa.
Para Trump el sistema es injusto, desequilibrado, donde los demás países se aprovechan de EE.UU. Entonces se enfoca en aranceles.
Un cuadro del trabajo del IEI muestra la EE.UU.; y con quién hacer nuevos, así como cuáles son los aranceles recíprocos que debería imponer. Allí se menciona: Abordar el comercio injusto y desequilibrado; por ejemplo, medidas apropiadas con un arancel suplementario, -algo que no puede hacer-; revisión de TLC, analizar las políticas cambiarias de los socios comerciales, las prácticas desleales, revisar los evolución de las órdenes de Trump comparadas con el propio Trump hace unos años y Biden. La actividad del presidente en los primeros días, es enorme.
Hay un paquete de medidas que está dado por la American First Trade Policy, que van a venir ahora. Con el American First, Trump se introduce a la posibilidad de adelantar medidas. Hay algunas con México y Canadá en suspenso -salvo los que están fuera del Tratado-; pero insiste Landa que 50% de las transacciones entre ellos, no están en el acuerdo. Aunque en realidad, la idea de EE.UU. es controlar las reglas de origen y eso significa controlar a China.
Precisamente, las medidas americanas le dan a China por todos lados y esta ha respondido, pero sin sobrepasarse por el momento, con medidas arancelarias y no arancelarias, -empresas con control de exportaciones, minerales críticos, entre otros-.
Trump cambia las reglas, aunque haya acuerdos previos como su obsesión en el tema acero y aluminio – por ejemplo, el cupo con Argentina, ya estaba establecido, pero no importa-. Esto genera volatilidad en los mercados e incertidumbre, dicen desde el IEI.
Como dijimos, en estos días aparecerán todos los reportes solicitados por Trump para evaluar los convenios que tiene EE.UU.; y con quién hacer nuevos, así como cuáles son los aranceles recíprocos que debería imponer. Allí se menciona: Abordar el comercio injusto y desequilibrado; por ejemplo, medidas apropiadas con un arancel suplementario, -algo que no puede hacer-; revisión de TLC, analizar las políticas cambiarias de los socios comerciales, las prácticas desleales, revisar los acuerdos para lograr concesiones registradas y mutuamente excluyentes; identificar a los países en los que EE.UU. puede negociar acuerdos bilaterales o sectoriales para obtener acceso para favorecer empresas y trabajadores del país; revisar esquemas de países que apliquen impuestos discriminatorios o extraterritoriales a empresas o individuos de EE.UU.. “Es decir poner todo en la coctelera para colocar un arancel. Recordamos que un arancel no es un mecanismo para determinar a partir de los impuestos discriminatorios a empresas”, añade Landa.
Otro punto en el que quiere avanzar EE.UU. es analizar el estatus de relaciones comerciales normales con China. “En la legislación estadounidense el estatus de relaciones comerciales normales permanentes implica otorgar trato de nación más favorecida, o sea, que estaría evaluando si quitarle a China dicho estatus”, añade Mantilla. hay varios proyectos de ley al respecto, uno de los cuales lo elaboró el propio secretario de Estado, Marco Rubio.
Precisamente, en el America First se solicita analizar esos proyectos de ley y hacer algún tipo de determinación al respecto, advierte la especialista.
Otra cuestión clave, es la revisión del tema de seguridad nacional, ahí está pendiente la normativa sobre cobre y madera que incluso generó una oleada de importaciones y un aumento de precios en los últimos tiempos. Cuando ahora, EE.UU. habla de reciprocidad, incluye también cualquier otra práctica, que a juicio del representante comercial de Estados Unidos, en consulta con otros organismos, considere como limitación injusta al acceso de mercado, así cualquier impedimento estructural de competencia justa. “En este contexto, cualquier parámetro medible es difícil de analizar”, dice Landa.
De todos modos, esto no es nuevo. Ya viene del 2019 donde el área comercial de EE.UU. hizo un análisis donde identificaba los países con los cuales tenía mayor déficit y cómo se relacionaba esto con la “diferencia del nivel arancelario”.
Para establecer ese arancel recíproco, EE.UU. piensa tomar no solo aspectos arancelarios, que en todo caso podrían ser más medibles, sino otros, como los impuestos, por ejemplo, IVA alto, prácticas cambiarias en particular, exigir código de software, etc. “Lo que no pude solucionar en la OMC, lo “soluciona” ahora con un arancel”, dice Landa. La ley en base a reglas multilaterales no existe.
Recuerda la CERA que estas medidas y contramedidas, están todas fuera de la OMC. En ese sentido, Trump cambia la reciprocidad global por la reciprocidad a nivel bilateral.
Si se ve la importancia de EE.UU. para otros países, en materia de comercio; es el 14% de las exportaciones de China; pero 80% de las de México. También es muy alta la participación de EE.UU. en la exportación de Canadá.
El mayor déficit comercial de EE.UU. se da con China, pero tiene menor diferencial arancelario. Entonces, resuelve el dilema de pegarle a China, incorporando otros componentes. Lo mismo hace con la UE donde tiene un diferencial arancelario prácticamente inexistente. Con la India tiene menor déficit, pero mayor diferencial.
“La discusión va a estar dada por la magnitud del déficit, y por la diferencia de aranceles”, dice la CERA.
Allí tiene desafíos, como el de Brasil que le cobra un arancel de 18% en las importaciones de etanol de EE.UU.. Mientras que a India le aplica el concepto de nación más favorecida con 5% en bienes agrícolas; pero el país asiático le aplica a EE.UU. un arancel muy alto en bicicletas. Asimismo, abre el debate con Europa, ya que los mariscos de la UE llegan con aranceles bajos, pero el bloque le cobra aranceles altos a los autos americanos. Una nueva ensalada de aranceles.
Señala el trabajo que EE.UU. cambió a lo largo de su historia el concepto de acuerdo de reciprocidad. En algún momento lo hizo “condicional”, cosa que cambió a incondicional con la recesión y fue la base de la interpretación de reciprocidad de la OMC. “Obligar a un tercero a hacer aplicar el concepto de nación más favorecida a todo el mundo, también es absurdo. La situación puede llevar a subas de aranceles más allá de los consolidados. Todo esto es incertidumbre. Esta es una turbulencia nunca vista. No es comparable con otra situación histórica. Es una explosión de temas”, dice Landa.
Tampoco se vio que las movidas de Trump hayan generado una tendencia de alza o baja en los mercados de EE.UU., porque aún no quedan claros los efectos, añade. En un contexto de aranceles y restricciones al comercio, las movidas que pueden hacer los países, será depender menos del comercio con EE.UU.?.
También están las oportunidades. Si China restringe las exportaciones de carnes de EE.UU., países como Argentina pueden aprovechar. De hecho, las respuestas chinas a los aranceles de EE.UU. incluye 70% de los segmentos que Argentina le exporta al país de Lejano Oriente.
Un destacado think tank de India señaló las opciones que tendría ese país frente a las movidas de EE.UU. y quizá se pueda tomar como ejemplo: Por un lado, la posibilidad de bajar aranceles a todos los socios comerciales, cosa que desecha, y la peor opción, entiende, es la de encarar un acuerdo de libre comercio – de hecho, ya donde está, los esta violando o cambia mientras negocia -, puede andar el dar concesiones. De todos modos, la posición que más recomienda es "esperar y ver".
Argentina
¿Cómo responder desde Argentina a estos desafíos de contexto?, se pregunta la CERA.
Primero recuerda que a nivel mundial, los aranceles en el mundo son bajos en cuanto a productos no agrícolas y bajos en las agrícolas. Pero atención: 65% de las exportaciones argentinas se dan bajo el paraguas de “nación más favorecida”, es decir lo hace sin acuerdos de comercio. 65% son exportaciones agrícolas y solo 17% industriales. Bajo acuerdos, la relación cambia, mucha mayor de origen industrial, especialmente por los envíos a Brasil.
Señala además que, cuando la Argentina compite con todos lo demás países en las mismas condiciones, lo hace muy mal. “Tenemos el 80% de las exportaciones bajo el esquema de nación más favorecida, y la participación dentro del volumen total mundial es de 0,23%. Bajo acuerdos comerciales estamos mejor – tampoco descollamos- 0,49%”, dice el estudio del IEI.
¿Cuál es la barrera que enfrenta el país; los aranceles o el espejo?. “En realidad son problemas que tenemos que resolver nosotros: Impuestos, facilitación de comercio, logística, financiamiento”, dice Landa.
Haciendo un análisis de flujos logísticos, y con la concentración en el mercado naviero de línea -con menos llamadas- y viendo además el índice de conectividad del shipping; la Argentina no está en buena posición. De todos modos, agrega no es un problema en lo comercial para Estados Unidos.
“Argentina ha tenido déficits con Estados Unidos, salvo el último año”, advierte. En el comercio con EE.UU. se exporta principalmente combustibles fósiles, aluminio, productos de la pesca y se importa en el top del ranking maquinaria y plásticos. Argentina cobra aranceles más altos que los que en general cobra EE.UU. que son casi nulos. Es decir; el objetivo de un acuerdo de libre comercio no pasaría por el tema arancelario. Sin embargo, EE.UU. es un mercado que protege su producción interna muy fuertemente, dice el IEI. Están los casos del biodiesel, la miel, la uva y el maní, con cuotas; así como el tabacalero, azúcar, etc. “todos temas que no se negocian en un acuerdo de libre comercio”, dijo Landa. Precisamente, la CERA hace un análisis comparativo entre los complejos exportadores argentinos en relación con Estados Unidos y Brasil, -porque se viene hablando de dejar el Mercosur por un acuerdo con EE.UU-.
Allí se muestra que Brasil es clave para sectores industriales como automotriz, petroquímico; agro - trigo, cebada, complejo lácteo, papa, ajo-. EE.UU. es clave para el petróleo y algunas economías regionales como té, el limón, miel, azúcar.
Landa concluye a este respecto, que, bajo ninguna circunstancia, la Argentina puede perder el mercado brasileño “ya que tiene una calidad y complejidad que no hemos podido conseguir en otros mercados”.
Esto, obviamente por no tener aranceles, y además por una logística más cercana y con opciones, donde es clave el camión.
“No se puede sacrificar el Mercosur un mercado que referencia, por un tratado de libre comercio con alguien donde, además, el tema arancelario no es crítico. Nosotros creemos que hay que cambiar las reglas del Mercosur, pero otra cosa es darle una patada”, insiste. En ese sentido, cree positivo un sistema en el bloque de "colores de semáforo", donde los miembros puedan negociar sólos con algunos mercados no determinantes; pero sí hay que ir juntos en la negociación con los países claves del comercio internacional como EE.UU. UE y China. “No creo prudente para los negocios que haya que manejarse con un esquema “de paso del tiempo” en el Mercosur, para luego poder negociar con cualquiera en forma unilateral”, explica.
Entiende al mismo tiempo que un acuerdo con EE.UU. obviamente, ofrece otras cosas, especialmente inversión, y la integración de otra forma en cadenas de abastecimiento distintas.
Precisamente, cree la CERA que no hay forma de pensar un acuerdo de libre comercio con EE.UU. sino se lo mira como un acuerdo de inversión; algo que da otra confiablidad y seguridad. De todos modos, ya podría haber un mayor acercamiento comercial si EE.UU. vuelve a aplicar el SGP. “Si hay voluntad puede avanzar hoy”, añade.
El IEI de la CERA analiza si es conveniente para el comercio argentino estar o no en el Acuerdo de París de protección del medio ambiente. Es bueno copiar la idea de EE.UU. de salirse?
Primero, destaca que Argentina participa en la mayoría de los convenios internacionales vinculados al medio ambiente y el Acuerdo de París tiene cuestiones comunes y diferenciales que impacta. “En un mundo en el que las restricciones para arancelarias y medioambientales crecen, al estar en el acuerdo es un argumento de responsabilidad. Estamos hablando de tiempos donde se va a evaluar incluso la emisión en el transporte marítimo en el comercio. Entonces, contar con inventario de emisiones y planes de acción climática nos pone en una situación de razonabilidad”, explicó Landa.
Incluso hay un punto del Acuerdo MercosurUE que señala que puede ser negativo si se deja el Acuerdo de París e incluso si se lo menoscaba (?). De hecho, obviar este tema puede significar perder los cupos para el ingreso al mercado. Además, hay que hoy existe mucho financiamiento por seguir los proyectos amigables al medio ambiente.“No es lo mismo para la Argentina que para EE.UU.. Por puro pragmatismo, tenemos que salir de la posición de “stand alone”. Las exportaciones argentinas han caído, pero tienen un piso consolidado. Hay que mantener relaciones comerciales estables con nuestros socios actuales. No nos podemos dar el lujo de tirar lo hecho por tantos años”, cerró.